miércoles, 26 de octubre de 2011

Todo tiene un comienzo, por muy malo que me parezca.

La agarró del cuello y la empujó contra la pared. Se estremeció al ver la dureza de su mirada. Ella no parecía sentir miedo. Eso la hacía hermosa.
-Esa mirada… ¿Sientes odio?
-Hay muchos sentimientos en mi interior. Uno de ellos es ese.
No la comprendía. Debería temerle, la iba a matar.
[…]
Su cuerpo descansaba sobre la cama. Una de sus manos colgaba por el borde y un hilo de sangre bajaba por sus dedos y formaba un pequeño charco en el suelo. Se apoyó en la pared y resbaló hasta sentarse en el suelo, junto a esa mano. Se sorprendió al ver que por su cara rodaban unas lágrimas traicioneras. Nunca le había pasado eso. Nunca había llorado por una de sus víctimas. Pero ella había sido distinta de todas las demás. No gritó, no intentó salvar su vida.

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